La pandemia me sorprendió colocando totoras en una caja, en la que para sostenerse necesitan  estar muy apretadas en ese espacio reducido solo así consiguen  sostenerse.   "Nostalgia de intemperie" la llamé, la verdad es que no pude evitar conectar con la realidad de encierro y agregué al nombre: "Módulo para un amparo posible", realmente ese amparo que puede asfixiar me llevó a asociarla. Y  entonces sentir una vez más que cada vez que pienso que hablo de Naturaleza se enlaza profundamente con nuestra humanidad y la sensación de estar escindida de ella se evapora. 

A la totora la conozco desde que soy pequeña, fascinada por su vínculo con muchas culturas en la construcción de embarcaciones, de hogares, alimento; forma parte de muchas geografías, se mece con muchos vientos, comencé a conectar con ella con la intención de elaborar un traje que respete su textura su olor, su fragilidad, lo que dure su existencia;  esperar los tiempos propicios de corte, de deshidratación justa es un gran aprendizaje. 

Una de las últimas sorpresas entregada por ella fue su universo interior que aquí comparto hoy. 

Gracias.

Cristi Aimaretti 

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